Campamento Arba Minch 2015

A finales de 2014, empezamos a plantear lo que en julio del verano siguiente fue una realidad: un campamento para los niños en el orfanato de Lemate con nuestra querida Kasech.

La finalidad era doble: Por un lado, estar en contacto con los niños y darles nuestro tiempo y cariño, y por otro apoyarles con clases de inglés y juegos y actividades para los más pequeños. Aunque este proyecto no fuera más que un “piloto”, ya que no teníamos experiencia en este campo y no sabíamos cómo iban a reaccionar, la realidad superó todas nuestras expectativas, dejándonos con muchas ganas de volver el año que viene.

El campamento fue de dos semanas a principios de julio, momento en que el orfanato acaba las clases y antes de la época de lluvias. Cada mañana estábamos 3 horas con los niños entre 4 y 6 años, ya fuera enseñando inglés (colores, partes del cuerpo, números, etc.), jugando con la infinidad de materiales que trajo Esther (igual que en el bolso de Mary Poppins, en su maleta había desde plastilina hasta puzles, globos y combas) o meneando el esqueleto a ritmo de Micheal Teló con coreografía incluida de Isabel.

La verdad es que hay cosas que son muy difíciles de describir con palabras, pero ver a 80 niños corriendo a darte un beso o un abrazo cada mañana es algo que merece la pena vivir, porque por mucho que tú les des, te lo devuelven multiplicado.

Después de tanta actividad, Kasech nos agasajaba con una injera, el plato típico etíope, que comíamos en las mismas instalaciones del orfanato.

Ya repuestas las fuerzas, tocaba clase de inglés con los jóvenes de 13 a 17 años, antiguos alumnos del orfanato que echan una mano cuando Kasech les llama. Aunque esta clase era más reducida (8 alumnos), estábamos dos horas cada día. A pesar de que dar clase de inglés a adolescentes que no hablan tu idioma no sea tarea fácil, ahí Esther demostró sus tablas, haciendo la clase divertida y aprovechada.

Con el sol ya en todo lo alto, volvíamos a la Misión Católica, a las instalaciones donde los padres Dennis y Paddy nos acogen cada año con los brazos abiertos. Este año, les ofrecimos dar cada día una hora de inglés a los etíopes empleados en la Misión, así que cada tarde estábamos una hora con ellos. Con ellos elaborábamos historias, concursos de preguntas y respuestas… ¡hasta cantaron una canción de Nat King Cole!

Las anécdotas del viaje son muchas y todas buenas, pero en realidad, esta crónica se puede resumir en una sola palabra: GRACIAS. Gracias a todos los que han hecho esto posible, tanto la gente que colabora con nosotros, como el equipo que formamos. Gracias porque existan personas como Kasech, Paddy, Dennis y tantas otras personas que hemos conocido y que ofrecen su tiempo y esfuerzo en ayudar a otros sin esperar nada a cambio. Gracias por los niños y los no tan niños con los que hemos estado allí. No sé si han aprendido más ellos de nosotros o al revés.

Ahora, sólo queda seguir aprendiendo y mejorando para poder seguir prestando nuestra ayuda en el futuro.