A Etiopía con Amor

Siempre he creído en la importancia de visitar o vivir en otras partes del planeta donde poder “ver más allá” del lugar en el que, tan sólo por mero azar, nos tocó nacer. Creo que es la mejor forma, a veces pienso que la única, de comprender el mundo y a nosotros mismos, nuestra grandeza y nuestra pequeñez a la vez. Y es esta percepción, la que sacude nuestros sentidos, los despierta y nos hace sensibles, empáticos y nos transforma en más humanos con aquellas personas que viven o sobreviven a miles de kilómetros de nosotros en situaciones de extrema necesidad.

Este verano viajé con una de mis hijas a Dhadim, un poblado del área de Borana, cerca de Yabelo y realmente olvidado en el sur de Etiopía.

Nuestro objetivo era uno sólo, compartir nuestro tiempo dando lo que somos; realmente nuestro propósito se cumplió de una manera aparentemente contradictoria, cuanto más dábamos, más recibíamos, hasta el punto de que la balanza se desequilibró de forma que ahora me siento algo desordenada por dentro, yo quería dar más que recibir y no fue posible.

Sinceramente, este viaje para mí no ha marcado un antes y un después, más bien ha marcado un “ahora sé qué es lo importante” y como si de un gps se tratara estoy “recalculando ruta” desde entonces y no puedo parar.

Ahora sé que lo mejor que puedo hacer es compartir mi tiempo con quien necesita sentirse sentido, con quien necesita saberse respetado y reconocido a pesar de haber nacido pobre, de haber quedado huérfano, de vivir en un lugar olvidado…

No puedo pasar sin mencionar a nuestros maravillosos anfitriones, el padre Kenett, un hombre que desprendía alegría, honradez y sabiduría a partes iguales, y que junto con la discreción y humildad de Desalem nos ofrecieron todo lo necesario para hacernos sentir como en casa, hasta café y posibilidad de siesta después de comer para que no echásemos de menos nuestras costumbres.

Gamo-Gofa me ha dado la oportunidad de descubrir a las personas que hay detrás de este nombre y de este proyecto, personas que han creído en que el cambio comienza en cada uno de nosotros, personas que han pasado de “luces y cámara” a “ACCIÓN”

Gracias de todo corazón a todos ellos, anfitriones y organizadoras, por confiar en nosotras, ahora ya… nos sentimos parte de vosotros, por eso bregaremos juntos a partir de ahora para conseguir materializar todos los proyectos que se propongan: desde conseguir agua o medicamentos, a poner en marcha escuelas infantiles o programas de formación profesional, porque al final es tan cierta esa reflexión de Eduardo Galeano “Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo”