MEMORIA DE VIAJES | ETIOPÍA 2009

 

Viaje Agosto 2009 Contado por Elena Rasero

En Agosto de 2009 y con destino Etiopía nos metimos en un vuelo de la Turkish con más incertidumbre y ganas que otra cosa. No sabíamos si íbamos a llegar a tiempo a destino, ni lo que nos esperaría allí. Teníamos una hora para hacer el enlace en Estambul y el único contacto con nuestros supuestos guías en Addis había sido a través de email. Nuestro propósito estaba más o menos definido: como voluntarios de la Fundación Banesto, en su proyecto de Turismo Sostenible en Africa, debíamos tratar de documentar una ruta de turismo responsable por el sur del país.

Hay distintas maneras de explicar el resultado de nuestro viaje, pero una sola palabra puede definir bien nuestra experiencia y el resultado de nuestra incertidumbre e ilusión: maravilloso. Nuestros guías resultaron ser excelentes personas que encajaron perfectamente con nosotros. Divertidos y razonablemente preparados, nos ayudaron continuamente en nuestra búsqueda y documentación de la ruta y de alojamientos y restaurantes sostenibles, así como de proyectos de desarrollo de mujeres.

Al final de un duro y muy interesante viaje, habíamos pasado varias veces por la ciudad de Arba Minch y conocido allí a varias personas y proyectos. Todo el proceso nos impacto profundamente y nos dimos cuenta de que Etiopía es un país diferente. La energía que se respira y vive es distinta. Vimos a gente con ganas de mejorar y hacer cosas para sacar adelante a los suyos. Decidimos que no podíamos quedarnos al margen, el país nos había calado hasta los huesos, había que ayudar. Y así empezó todo.

Pocos meses después, en enero de 2010 volví a Arba Minch para buscar un proyecto que encajase con una filosofía sencilla basada en 3 ideas:

1. Ayuda para la educación de infancia o mujer,
2. Proyecto iniciado por alguien local que lo considerase suyo y en quien confiásemos
3. De un tamaño pequeño de manera que pusiésemos asegurar su continuidad

El padre Pady, de la misión católica, aunque escéptico con los nuevos voluntarios, me ayudó mucho en la búsqueda y, tras visitar y estudiar otras opciones, conocí a Kasech y su proyecto. No me podía creer que encajase tan bien con lo que buscábamos. Al principio pensaba que había gato encerrado, pero después de ir varias veces el kindergarden y visitar muchas de las chozas algunos de los alumnos, me di cuenta del interés real que ella se tomaba por esos chicos. Había sido maestra de varios de ellos. Huérfanos o semihuérfanos en su mayoría. Además, se trataba de una persona bien conocida y querida en la comunidad.

La decisión fue rápida y desde entonces he viajado a Arba Minch año tras año, renovando lazos, revisando presupuestos, estudiando posibilidades y siempre tratando de ayudar de la mejor manera posible. Cada vez voy con miedo de encontrarme algo que me haga desconfiar y, hasta ahora nunca ha pasado. Ya nunca voy sola. Cuanta más gente conoce a Kasech y el proyecto más ayuda hay. Procuramos mantener la mente abierta y adaptarnos a las circunstancias. No es sencillo, pero cada vez hay más ayuda y ¡esos niños merecen todo nuestro esfuerzo!

Viaje Agosto 2009 Contado por Elena Rasero

En Agosto de 2009 y con destino Etiopía nos metimos en un vuelo de la Turkish con más incertidumbre y ganas que otra cosa. No sabíamos si íbamos a llegar a tiempo a destino, ni lo que nos esperaría allí. Teníamos una hora para hacer el enlace en Estambul y el único contacto con nuestros supuestos guías en Addis había sido a través de email. Nuestro propósito estaba más o menos definido: como voluntarios de la Fundación Banesto, en su proyecto de Turismo Sostenible en Africa, debíamos tratar de documentar una ruta de turismo responsable por el sur del país.

Hay distintas maneras de explicar el resultado de nuestro viaje, pero una sola palabra puede definir bien nuestra experiencia y el resultado de nuestra incertidumbre e ilusión: maravilloso. Nuestros guías resultaron ser excelentes personas que encajaron perfectamente con nosotros. Divertidos y razonablemente preparados, nos ayudaron continuamente en nuestra búsqueda y documentación de la ruta y de alojamientos y restaurantes sostenibles, así como de proyectos de desarrollo de mujeres.

Al final de un duro y muy interesante viaje, habíamos pasado varias veces por la ciudad de Arba Minch y conocido allí a varias personas y proyectos. Todo el proceso nos impacto profundamente y nos dimos cuenta de que Etiopía es un país diferente. La energía que se respira y vive es distinta. Vimos a gente con ganas de mejorar y hacer cosas para sacar adelante a los suyos. Decidimos que no podíamos quedarnos al margen, el país nos había calado hasta los huesos, había que ayudar. Y así empezó todo.

Pocos meses después, en enero de 2010 volví a Arba Minch para buscar un proyecto que encajase con una filosofía sencilla basada en 3 ideas:

1. Ayuda para la educación de infancia o mujer,
2. Proyecto iniciado por alguien local que lo considerase suyo y en quien confiásemos
3. De un tamaño pequeño de manera que pusiésemos asegurar su continuidad

El padre Pady, de la misión católica, aunque escéptico con los nuevos voluntarios, me ayudó mucho en la búsqueda y, tras visitar y estudiar otras opciones, conocí a Kasech y su proyecto. No me podía creer que encajase tan bien con lo que buscábamos. Al principio pensaba que había gato encerrado, pero después de ir varias veces el kindergarden y visitar muchas de las chozas algunos de los alumnos, me di cuenta del interés real que ella se tomaba por esos chicos. Había sido maestra de varios de ellos. Huérfanos o semihuérfanos en su mayoría. Además, se trataba de una persona bien conocida y querida en la comunidad.

La decisión fue rápida y desde entonces he viajado a Arba Minch año tras año, renovando lazos, revisando presupuestos, estudiando posibilidades y siempre tratando de ayudar de la mejor manera posible. Cada vez voy con miedo de encontrarme algo que me haga desconfiar y, hasta ahora nunca ha pasado. Ya nunca voy sola. Cuanta más gente conoce a Kasech y el proyecto más ayuda hay. Procuramos mantener la mente abierta y adaptarnos a las circunstancias. No es sencillo, pero cada vez hay más ayuda y ¡esos niños merecen todo nuestro esfuerzo!

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