MEMORIA DE VIAJES | ETIOPÍA 2011

Viaje Agosto 2011 Contado por Carolina

 

La emoción de volver a Arba Minch fue constante durante todo el viaje. Por una parte pudimos ver todas las novedades de la ciudad que en poco más de un año nos mostraba el incipiente servicio de tuk tuks (motocarros-taxi), nuevas calles pavimentadas, más civer-tiendas. El padre Paddy , nuestro anfitrión en la Misión Católica, aún nos miraba con cierto recelo. Supongo que ha visto en su vida pasar muchas personas con intenciones de ayudar pero poco arranque para mantener esa ayuda en el tiempo.

Pero lo que de verdad nos motivaba era comprobar que el proyecto en el que nos volcamos poco tiempo antes estaba en marcha y consolidándose. Por supuesto el contacto con los niños y los chavales fue la mejor parte, tanto en las visitas entregando material como a lo largo de otras visitas revisando el local y presupuestando una posible ampliación. La alegría y calidez en la sonrisa de los niños es algo casi imposible de transmitir ya que despierta todo tipo de sentimientos en el que las recibe.

Elena y yo también dedicamos tiempo del viaje valorando y organizando una línea de ayuda a los chavales a través de becas de formación profesional. Por supuesto que todas las incomodidades del viaje merecen la pena cuando se comprueba que el barrio donde viven la mayor parte de los niños que ayudamos va mejorando lentamente.

Viaje Agosto 2011 Contado por Carolina

 

La emoción de volver a Arba Minch fue constante durante todo el viaje. Por una parte pudimos ver todas las novedades de la ciudad que en poco más de un año nos mostraba el incipiente servicio de tuk tuks (motocarros-taxi), nuevas calles pavimentadas, más civer-tiendas. El padre Paddy , nuestro anfitrión en la Misión Católica, aún nos miraba con cierto recelo. Supongo que ha visto en su vida pasar muchas personas con intenciones de ayudar pero poco arranque para mantener esa ayuda en el tiempo.

Pero lo que de verdad nos motivaba era comprobar que el proyecto en el que nos volcamos poco tiempo antes estaba en marcha y consolidándose. Por supuesto el contacto con los niños y los chavales fue la mejor parte, tanto en las visitas entregando material como a lo largo de otras visitas revisando el local y presupuestando una posible ampliación. La alegría y calidez en la sonrisa de los niños es algo casi imposible de transmitir ya que despierta todo tipo de sentimientos en el que las recibe.

Elena y yo también dedicamos tiempo del viaje valorando y organizando una línea de ayuda a los chavales a través de becas de formación profesional. Por supuesto que todas las incomodidades del viaje merecen la pena cuando se comprueba que el barrio donde viven la mayor parte de los niños que ayudamos va mejorando lentamente.

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